La parábola de los muchachos en las plazas es una de las más breves de Jesús. Unos niños se quejan: tocaron la flauta y nadie bailó; cantaron un lamento y nadie lloró. Así recibió aquella generación el ayuno de Juan el Bautista y la mesa abierta de Jesús. Cuando nada nos viene bien, el problema no es la música.

El texto bíblico (Mateo 11:16-19, RVA)

16 Mas ¿á quién compararé esta generación? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros, 17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.

Lucas recoge la misma parábola en 7:31-35, con pequeñas diferencias: «os endechamos, y no llorasteis», y al final, «la sabiduría es justificada de todos sus hijos».

Contexto histórico y cultural

Una pregunta desde la cárcel

El capítulo 11 de Mateo empieza con Juan el Bautista en prisión. Desde allí envía a dos discípulos a preguntar a Jesús: «¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?» (11:3). Jesús responde con hechos: «Los ciegos ven, y los cojos andan [...] y á los pobres es anunciado el evangelio» (11:5).

Después se vuelve hacia la multitud y habla de Juan con un elogio enorme: es profeta, y más que profeta. Y entonces pregunta: ¿a quién se parece la gente que no aceptó ni a Juan ni a él? La respuesta es esta pequeña escena de la plaza.

Jugar a las bodas y a los funerales

La plaza era el centro de la vida de una aldea: allí se compraba, se conversaba y jugaban los niños. Las dos grandes celebraciones públicas de la vida eran la boda, con música y baile, y el funeral, con plañideras y cantos de lamento. Los niños las imitaban, como hoy juegan a las casitas o a la escuela.

La escena se entiende sola: un grupo propone un juego alegre y los otros no quieren; propone uno triste y tampoco. Ya lo decía Eclesiastés: hay «tiempo de endechar, y tiempo de bailar» (3:4). Lo que no hay es tiempo para quedarse sentado sin responder a nada.

Dos mensajeros muy distintos

Juan y Jesús eran opuestos en su estilo. Juan vivía en el desierto, vestía pelo de camello y comía langostas y miel silvestre (Mateo 3:4); su mensaje era un llamado al arrepentimiento. Jesús, en cambio, comía en casas, aceptaba invitaciones y se sentaba a la mesa con publicanos y pecadores.

Los propios discípulos de Juan notaron la diferencia y preguntaron por qué los discípulos de Jesús no ayunaban (Mateo 9:14). Jesús respondió con una imagen de bodas: «¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos?» (9:15). Es la misma pareja de la parábola: la fiesta y el luto.

Dos juegos, dos mensajeros, la misma respuesta

Diagrama de Mateo 11:16-19: el juego de bodas, con flauta, corresponde a Jesús, que come y bebe con publicanos y pecadores, y la respuesta fue «comilón y bebedor de vino»; el juego de funeral, con lamento, corresponde a Juan, que no comía ni bebía, y la respuesta fue «Demonio tiene»

La parábola funciona como un cruce:

  • El lamento corresponde a Juan. Su ayuno y su llamado a la conversión invitaban a llorar los propios pecados. La respuesta fue descalificarlo: «Demonio tiene».
  • La flauta corresponde a Jesús. Su mesa abierta anunciaba que el reino había llegado y que era tiempo de fiesta. La respuesta fue otra etiqueta: «comilón, y bebedor de vino».

Los dos mensajes eran distintos y venían del mismo Dios. Y los dos fueron rechazados con argumentos contrarios: a uno por demasiado austero, al otro por demasiado festivo. Cuando cualquier razón sirve para no responder, la razón no es el verdadero motivo.

Explicación versículo por versículo

Versículo 16 — «¿Á quién compararé esta generación?»

Jesús empieza como un maestro que busca la imagen exacta. «Esta generación» no designa a un pueblo, sino a la gente de aquel momento que tuvo delante a Juan y a Jesús y no se movió. Es una expresión que aparece varias veces en los evangelios para hablar de quienes se resisten al mensaje.

Versículo 17 — «Os tañimos flauta, y no bailasteis»

Hay dos maneras de leer quiénes son los niños.

La primera, la más extendida, ve a «esta generación» en los niños que se quejan: quieren que los demás bailen a su son. Le exigieron a Juan que fuera menos severo y a Jesús que fuera más religioso. Nadie les viene bien porque quieren dictar las reglas.

La segunda ve a Juan y a Jesús en los que tocan y cantan, y a la generación en los compañeros que no responden a ningún juego. El sentido final es parecido: el problema está en quien se niega a jugar, no en la propuesta.

Versículo 18 — «Demonio tiene»

A Juan lo despacharon con una frase: está poseído, es un exaltado. Es una forma antigua de no escuchar a alguien: desacreditar al mensajero para no tener que atender al mensaje.

Lucas añade un dato importante justo antes: «todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios» (Lucas 7:29-30). La reacción no fue uniforme: muchos sí respondieron.

Versículo 19a — «Comilón, y bebedor de vino»

La acusación contra Jesús era seria. En Deuteronomio 21:20, «glotón y borracho» es lo que se dice del hijo rebelde que no obedece. Llamar así a Jesús era presentarlo como alguien sin respeto por la ley.

Y la segunda parte, «amigo de publicanos y de pecadores», pretendía ser un insulto. Para los evangelios, es una de las descripciones más exactas de Jesús. Lucas lo muestra enseguida: en el mismo capítulo, Jesús come en casa de un fariseo y recibe a una mujer pecadora que le lava los pies con sus lágrimas (Lucas 7:36-50), la escena de la parábola de los dos deudores.

Versículo 19b — «La sabiduría es justificada por sus hijos»

Jesús no se defiende con argumentos. Remite a los resultados. La sabiduría de Dios, que habló por Juan y por Jesús, queda demostrada en sus «hijos»: las personas que la acogieron y cambiaron de vida.

Algunos manuscritos antiguos de Mateo dicen «por sus obras» en lugar de «por sus hijos». No cambia el sentido: el árbol se conoce por sus frutos. Y pocos versículos después, Jesús da gracias porque el Padre ha revelado estas cosas «á los niños» (11:25): los que de verdad saben responder a Dios.

Lo que esta parábola NO significa

No es una condena del pueblo judío. «Esta generación» son quienes, en aquel momento, rechazaron a Juan y a Jesús. Lucas deja claro que «todo el pueblo» y los publicanos acogieron el bautismo de Juan. Juan, Jesús, los apóstoles y los primeros que respondieron eran judíos. La parábola describe una actitud humana que se repite en cualquier época y en cualquier iglesia.

No enseña que Dios tenga que adaptarse a nuestro gusto. Es exactamente lo contrario. Dios envió un mensajero austero y otro festivo; el problema era que la gente quería decidir el ritmo. La fe no consiste en encontrar el predicador perfecto, sino en responder a lo que Dios dice.

No es una crítica al ayuno ni a la fiesta. Los dos estilos eran legítimos y venían de Dios. Hay tiempo para cada cosa, como dice Eclesiastés. Lo que la parábola critica es usar uno contra el otro como excusa para no cambiar.

No justifica cualquier exceso. Jesús no era un glotón ni un borracho: la acusación era falsa. La Biblia sigue advirtiendo contra esos excesos (Proverbios 23:20-21). Lo que Jesús defendía era su mesa abierta a los pecadores, no el desenfreno.

Aplicación práctica

1. Revisa tus excusas. Si un mensaje te parece demasiado exigente y el siguiente demasiado blando, quizá el problema no está en los mensajes. Pregúntate qué te está pidiendo Dios y si tus objeciones no son una forma elegante de no responder.

2. No descalifiques al mensajero para evitar el mensaje. «Demonio tiene» y «comilón» eran maneras de no escuchar. Hoy se hace igual: se critica el tono, el estilo o la vida de quien habla, y se deja de lado lo que dijo.

3. Aprende a reconocer el momento. Hay tiempo de llorar los propios errores y tiempo de celebrar el perdón. Juan llamaba a lo primero y Jesús anunciaba lo segundo. Es la misma lección de la parábola del remiendo y los odres viejos: lo nuevo de Dios pide un corazón dispuesto a cambiar de forma.

4. Mira los frutos. La sabiduría de Dios se ve en vidas transformadas. Los publicanos que se convirtieron, como los del final de la parábola de los dos hijos, que creyeron a Juan, son la prueba de que valía la pena bailar y llorar a tiempo.

El capítulo termina con una invitación que responde a todo el cansancio de las excusas: «Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar» (Mateo 11:28).

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «os tañimos flauta, y no bailasteis»?

Es la queja de unos niños que juegan en la plaza. Unos proponen jugar a las bodas, con flauta y baile, y los otros no quieren; luego proponen jugar a los funerales, con un canto de lamento, y tampoco quieren. Jesús usa la escena para describir a quienes no aceptaron ni el mensaje austero de Juan ni la mesa abierta de Jesús.

¿Quiénes son los muchachos de la parábola?

Representan a «esta generación», es decir, a los contemporáneos de Jesús que rechazaron tanto a Juan como a él. Hay dos lecturas: que son los niños caprichosos que exigen que todos bailen a su son, o que son los que no responden a ningún juego. En los dos casos, el mensaje es el mismo: siempre encontraron una excusa.

¿Por qué llamaban a Jesús «comilón y bebedor de vino»?

Porque comía con publicanos y pecadores y participaba en banquetes, a diferencia de Juan, que ayunaba en el desierto. La acusación era grave: recuerda a Deuteronomio 21:20, donde «glotón y borracho» describe al hijo rebelde. Jesús no lo niega para defenderse; deja que los frutos hablen.

¿Qué significa «la sabiduría es justificada por sus hijos»?

Que el plan de Dios se demuestra acertado en las personas que lo acogen. Los publicanos y pecadores que se arrepintieron con Juan y encontraron a Jesús son la prueba de que Dios actuó bien. Algunos manuscritos antiguos de Mateo dicen «por sus obras»: la idea es la misma, el resultado prueba la sabiduría.

¿«Esta generación» se refiere al pueblo judío?

No. Se refiere a las personas de aquel momento que rechazaron a Juan y a Jesús. El mismo Lucas dice que «todo el pueblo» y los publicanos se bautizaron con Juan (Lucas 7:29). Juan, Jesús, los discípulos y los primeros que respondieron eran judíos. La parábola describe una actitud que puede darse en cualquier época.

Fuentes y lecturas