En la parábola de los dos deudores, el amor no compra el perdón: lo demuestra. Un acreedor cancela dos deudas muy desiguales —quinientos denarios y cincuenta— y Jesús pregunta cuál de los dos amará más. En el relato, el perdón viene primero y el amor viene después. Ese orden es la clave de todo el pasaje.
Jesús la contó en la mesa de un fariseo, mientras una mujer le lavaba los pies con lágrimas.
El texto bíblico (Lucas 7:36-50, RVA)
La parábola son solo cuatro versículos, pero no se entiende fuera de la escena en la que fue contada.
36 Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa. 37 Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, 38 Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento. 39 Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? 43 Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. 45 No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama. 48 Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados. 50 Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
Contexto histórico y cultural
No estaban sentados: estaban reclinados
Una pregunta razonable al leer el texto: ¿cómo llegó la mujer a los pies de Jesús si estaba en la mesa?
Porque en un banquete formal del siglo I no se comía sentado en sillas. Los invitados se reclinaban sobre divanes bajos dispuestos en U alrededor de una mesa central, apoyados sobre el codo izquierdo, comiendo con la derecha, y con los pies extendidos hacia afuera.
Los pies quedaban, literalmente, en el borde exterior de la sala. Por eso la mujer pudo situarse detrás sin acercarse a la mesa. La escena no es tan extraña como suena — es exactamente la disposición del comedor.
Los banquetes eran semipúblicos
Otra pregunta natural: ¿cómo entró ella si no estaba invitada?
Era normal. Cuando un hombre importante recibía a un maestro, los curiosos de la aldea podían entrar y quedarse en los bordes de la sala escuchando la conversación. No participaban de la comida, pero su presencia era esperada. La mujer no se coló: entró por donde se entraba.
Las tres cortesías que Simón no ofreció
Aquí está la acusación velada del pasaje, y hay que verla con precisión. Al recibir a un huésped honrado, el anfitrión ofrecía tres cosas.
Y aquí está el filo del texto: la mujer suplió exactamente las tres, y en una versión más costosa de cada una. Lágrimas en lugar de agua. Besos continuos en lugar de un beso. Ungüento de alabastro en lugar de aceite común. Jesús las enumera una por una en los versículos 44 a 46, en el mismo orden.
Cuánto era esa deuda
Un denario era el jornal de un obrero por un día de trabajo (Mateo 20:2). Así que:
- 500 denarios ≈ 500 días de trabajo. Descontando sábados y fiestas, cerca de dos años de salario.
- 50 denarios ≈ dos meses de salario.
La diferencia es enorme, pero fíjese en el detalle que cierra el argumento: el texto dice que ninguno de los dos tenía con qué pagar. La segunda deuda también era impagable. La distancia entre los dos deudores es real, pero irrelevante para el desenlace: los dos estaban igualmente arruinados.
Otra trampa como la de Natán
Simón no sabe que está hablando de sí mismo. Responde «Pienso que aquél al cual perdonó más» — y ese «pienso» tiene algo de reticencia, como quien contesta una obviedad que preferiría no contestar. Jesús le dice «rectamente has juzgado», y solo entonces gira hacia la mujer y aplica la sentencia.
Es el mismo mecanismo de la parábola de los dos hijos: pedir un veredicto antes de revelar el acusado.
Explicación versículo por versículo
Versículo 40 — «Simón, una cosa tengo que decirte»
Jesús responde a algo que Simón pensó, no dijo (versículo 39: «habló entre sí»). El fariseo dudaba de que fuera profeta; la respuesta empieza demostrando exactamente eso.
Versículo 41 — Las dos cifras
El contraste de 10 a 1 no es decorativo: prepara la comparación entre Simón y la mujer. Uno se cree el deudor de cincuenta.
Versículo 42 — La bisagra
«Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos.»
Dos afirmaciones decisivas caben en esa línea. Primera: la insolvencia es total en los dos casos. Segunda: el perdón es anterior a cualquier reacción de los deudores. Nadie amó primero. Nadie negoció. El acreedor canceló, y punto.
Guarde este orden, porque es lo que resuelve el versículo 47.
Versículo 43 — El veredicto de Simón
Responde bien, y con eso se coloca solo en el lugar del deudor de cincuenta: el que se cree con poca deuda y, por lo tanto, ama poco.
Versículos 44-46 — La lista
Tres reproches, en el orden exacto de las tres cortesías omitidas. No es una reprimenda difusa: es una cuenta detallada.
Versículo 47 — El versículo más discutido del pasaje
«Sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho.»
Leído aisladamente, parece decir que el amor produjo el perdón — que ella se ganó el perdón amando. Y esa lectura contradice todo el resto del pasaje. Tres razones para descartarla:
- La parábola dice lo contrario. En el versículo 42, el perdón viene primero y el amor es la consecuencia. Si la parábola ilustra el caso de la mujer, el orden debe ser el mismo.
- El verbo está en perfecto. «Son perdonados» describe algo ya realizado, con efecto permanente. Ella llegó a esa casa ya perdonada. Lo que hizo a los pies de Jesús fue la respuesta, no el precio.
- El versículo 50 lo confirma: «tu fe te ha salvado». No dice «tu amor».
El «porque» del versículo 47 es de evidencia, no de causa. Funciona como cuando decimos «llovió, porque el suelo está mojado»: el suelo mojado no produjo la lluvia, la revela. Del mismo modo: sabemos que fue muy perdonada porque ama mucho.
La segunda mitad del versículo remata el argumento y va dirigida a Simón: «al que se perdona poco, poco ama».
Lo que esta parábola NO significa
No significa que el amor compre el perdón. Es la lectura más común del versículo 47 y contradice la parábola que Jesús acababa de contar, donde el acreedor perdona a deudores insolventes que no ofrecieron nada.
No significa que esta mujer sea María Magdalena. El texto no la nombra. La identificación viene de un sermón del papa Gregorio Magno en el año 591, que fundió en una sola figura a esta mujer, a María Magdalena y a María de Betania. La Iglesia católica revisó esa identificación en 1969. Lucas presenta a María Magdalena en el capítulo siguiente (8:2) como una persona distinta.
Tampoco es la unción de Betania. La escena de Mateo 26, Marcos 14 y Juan 12 ocurre en otra ciudad, en otro momento —al final del ministerio— y con otra mujer, María de Betania, que unge la cabeza y no los pies. Son dos episodios diferentes.
No significa que quien debe poco necesite menos perdón. Ese es precisamente el error de Simón. Los dos deudores eran insolventes. La diferencia no está en la deuda real, sino en cuánta deuda cada uno reconoce.
No significa que Simón fuera simplemente descuidado. Omitir las tres cortesías no es distracción. Es una manera educada de marcar distancia.
Aplicación práctica
1. El problema no es deber poco: es creer que se debe poco. Simón no amaba menos porque su deuda fuera menor. Amaba menos porque se creía casi solvente. La parábola no invita a pecar más para amar más — invita a mirar la propia cuenta con honestidad.
2. La ausencia de gratitud es un diagnóstico. Si la fe se volvió tibia, rutinaria, correcta y sin emoción, este pasaje sugiere dónde mirar: no en la disciplina, sino en la conciencia de lo que fue perdonado. La tibieza casi nunca es un problema de esfuerzo.
3. Nadie sale a mano. Los dos deudores eran insolventes. Cualquier lógica de «yo cumplo, luego merezco» se rompe en el versículo 42. Lo único que se puede hacer con una deuda cancelada es agradecerla.
Este mismo orden —perdón primero, amor después— es también el punto de partida de qué significa perdonar según la Biblia, si quiere seguir profundizando en cómo se vive esto en la práctica.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la parábola de los dos deudores?
Que quien es consciente de haber sido muy perdonado ama más. Un acreedor cancela dos deudas impagables, una diez veces mayor que la otra, y el amor de cada deudor es proporcional a lo que reconoce haber recibido. El perdón viene primero; el amor es la respuesta.
¿Cuánto eran quinientos denarios?
Un denario era el jornal de un día de trabajo, así que quinientos denarios equivalían a cerca de dos años de salario y cincuenta a unos dos meses. Aun así, el texto aclara que ninguno de los dos tenía con qué pagar.
¿Lucas 7:47 dice que ella fue perdonada porque amó?
El "porque" del versículo 47 es de evidencia, no de causa. La parábola de los versículos 41 a 43 pone el perdón antes del amor, el verbo está en perfecto ("son perdonados", ya realizado) y el versículo 50 concluye "tu fe te ha salvado", no "tu amor".
¿La mujer que ungió los pies de Jesús era María Magdalena?
El texto no la nombra. Esa identificación proviene de un sermón del papa Gregorio Magno en el año 591 y fue revisada por la Iglesia católica en 1969. Lucas presenta a María Magdalena en el capítulo siguiente como una persona distinta.
¿Por qué la mujer pudo llegar hasta los pies de Jesús?
Porque en los banquetes del siglo I los invitados se reclinaban sobre divanes bajos, apoyados en el codo izquierdo y con los pies extendidos hacia afuera de la mesa. Además, los banquetes eran semipúblicos y los vecinos podían entrar a escuchar.
¿Qué hizo mal Simón el fariseo?
Omitió las tres cortesías debidas a un huésped honrado: agua para los pies, beso de saludo y aceite en la cabeza. Jesús las enumera una por una en los versículos 44 a 46, señalando que la mujer suplió las tres en una versión más costosa.

