La parábola de los siervos vigilantes cierra el discurso de Jesús sobre el fin. Un señor se va de viaje, deja a cada siervo su trabajo y al portero le manda velar, porque nadie sabe a qué hora volverá. Velar no es mirar el reloj: es estar en el puesto, despierto, cuando llegue el Señor.
El texto bíblico (Marcos 13:33-37, RVA)
33 Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo. 34 Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió facultad á sus siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase: 35 Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana; 36 Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. 37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos las digo: Velad.
Lucas tiene una parábola hermana en 12:35-38, con los siervos que esperan a su señor «ceñidos» y con «las antorchas encendidas».
Contexto histórico y cultural
Un discurso privado para cuatro discípulos
Marcos 13 empieza con una frase de admiración ante el templo: «Maestro, mira qué piedras, y qué edificios». Jesús responde que «no quedará piedra sobre piedra» (13:1-2). Después, sentado en el monte de los Olivos, cuatro discípulos le preguntan en privado: Pedro, Jacobo, Juan y Andrés (13:3).
El discurso que sigue termina con esta parábola. Y justo antes, Jesús dice algo sorprendente: «de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre» (13:32). Si ni el Hijo dio la fecha, la parábola no va a darla. Lo que da es una manera de vivir.
Una casa con el dueño de viaje
La escena era conocida. Un señor que debía ausentarse dejaba la casa organizada: delegaba autoridad, repartía las tareas y nombraba a alguien para la puerta. Marcos lo dice con tres detalles:
- «Dió facultad á sus siervos»: les dio autoridad. No eran espectadores, sino responsables.
- «Á cada uno su obra»: cada siervo tenía un trabajo concreto. Nadie estaba de sobra.
- «Al portero mandó que velase»: uno tenía la tarea específica de vigilar la puerta y abrir al señor cuando llegara.
El oficio del portero
En las casas grandes, el portero controlaba quién entraba y salía, y de noche mantenía cerrado el acceso al patio. El evangelio de Juan menciona a una «criada portera» en la casa del sumo sacerdote, la misma que preguntó a Pedro si era discípulo de Jesús (Juan 18:16-17).
El portero no podía dormirse: si el señor llegaba de noche y nadie abría, toda la casa quedaba en evidencia. Por eso su oficio resume la parábola entera.
Las cuatro horas de Marcos
El versículo 35 nombra cuatro momentos de la noche: «á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana». Eran las cuatro vigilias en que los romanos dividían la noche (en la parábola del dueño de casa vigilante explicamos este sistema).
Lo llamativo es lo que pasa pocos capítulos después. Muchos comentaristas han notado que el relato de la pasión en Marcos recorre esas mismas horas:
- «Á la tarde»: «Y llegada la tarde, fué con los doce» (14:17). Es la última cena.
- En plena noche: en Getsemaní, Jesús pide a Pedro, Jacobo y Juan: «esperad aquí y velad» (14:34). Vuelve tres veces, y las tres «los halló durmiendo» (14:37-41).
- «Al canto del gallo»: «Y el gallo cantó la segunda vez», y Pedro, que acababa de negar a Jesús, «pensando en esto, lloraba» (14:72).
- «Á la mañana»: «Y luego por la mañana [...] llevaron á Jesús atado, y le entregaron á Pilato» (15:1).
Marcos no usa la palabra «medianoche» en Getsemaní, así que la correspondencia no es una cita exacta. Pero el eco es difícil de ignorar: la frase de la parábola, «no os halle durmiendo» (13:36), se cumple al revés en el huerto, donde el Señor llega y los halla durmiendo. La noche de la que hablaba la parábola llegó antes de lo que los discípulos imaginaban.
Explicación versículo por versículo
Versículo 33 — «Mirad, velad y orad»
Tres verbos en una frase. «Mirad» es estar atentos; «velad», no dormirse. Muchos manuscritos añaden «y orad», que es la misma combinación que Jesús repetirá en Getsemaní: «Velad y orad, para que no entréis en tentación» (14:38). La vigilancia cristiana no es solo estar despierto: es estar despierto delante de Dios.
Versículo 34 — «Á cada uno su obra»
Este es el detalle propio de Marcos. Antes de pedir que velen, el señor reparte el trabajo. La espera no consiste en quedarse de brazos cruzados junto a la ventana, sino en hacer lo que a cada uno le corresponde. Es la misma idea de la parábola de las minas: «Negociad entre tanto que vengo».
Versículos 35-36 — «No os halle durmiendo»
La razón para velar es doble: no se sabe la hora y la llegada será «de repente». Si se supiera, bastaría con despertarse a tiempo; como no se sabe, hay que estar despierto siempre.
El verbo «hallar» importa. La pregunta no es qué piensa hacer el siervo cuando llegue el señor, sino cómo lo encontrará el señor cuando llegue.
Versículo 37 — «Á todos las digo: Velad»
Jesús hablaba a cuatro discípulos en privado, pero termina abriendo el círculo: lo que dice a ellos lo dice a todos. La frase alcanza también a quienes leerían el evangelio después, como el aviso de pocos versículos antes: «el que lee, entienda» (13:14). El encargo del portero no es solo para los líderes: alcanza a cada creyente.
La parábola hermana de Lucas (12:35-38)
Lucas cuenta una escena muy parecida, con dos imágenes propias:
- «Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas.» Ceñirse la túnica era recogerla para poder moverse y trabajar. Es la misma expresión con la que Israel comió la primera Pascua, listo para salir: «ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies» (Éxodo 12:11).
- El señor que sirve. Si el señor encuentra a sus siervos velando, «se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá» (12:37). Es una inversión asombrosa, que comentamos en la parábola del deber del siervo.
Lucas también menciona las vigilias: «aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos» (12:38).
Lo que esta parábola NO significa
No es un código para calcular la fecha. Las cuatro horas del versículo 35 no son pistas sobre el momento del regreso: son una forma de decir «en cualquier momento de la noche». La parábola viene justo después de 13:32, donde Jesús afirma que nadie sabe el día ni la hora.
No es solo para líderes. El portero tiene un papel especial, pero el versículo 37 lo extiende a todos: cada siervo tiene su obra y cada uno debe velar.
No es una espera pasiva. El señor deja «á cada uno su obra» antes de irse. Velar no es sentarse a esperar, sino trabajar despierto.
No es una amenaza para los que fallan. Los primeros que oyeron la parábola se durmieron en Getsemaní, y Pedro negó a Jesús al canto del gallo. Y sin embargo, la mañana de la resurrección el mensaje fue: «id, decid á sus discípulos y á Pedro, que él va antes que vosotros á Galilea» (Marcos 16:7). La parábola llama a velar, pero el Señor que vuelve es el mismo que perdona a quienes se durmieron.
Aplicación práctica
1. Identifica tu obra. El señor dio «á cada uno su obra». Tal vez la tuya no sea visible: cuidar a tu familia, hacer bien tu trabajo, acompañar a alguien, servir en tu comunidad. Velar empieza por tomarse en serio lo que Dios puso en tus manos.
2. Vela en tus horas difíciles. Los discípulos no se durmieron por indiferencia: estaban cansados y tristes, «porque los ojos de ellos estaban cargados» (14:40). Las horas en que es más fácil dormirse espiritualmente suelen ser las de cansancio y angustia. Por eso Jesús une velar y orar.
3. Abre la puerta cada día. El portero espera para abrir. La oración diaria es una forma sencilla de mantener la puerta lista para el Señor: un momento en que dejamos de lado lo demás para estar atentos a él.
4. Si te dormiste, vuelve. Pedro se durmió, negó y lloró, y aun así fue el único discípulo nombrado por su nombre en el mensaje de la resurrección. La parábola no termina en el fracaso de los siervos, sino en un Señor que sigue llamando: «Velad».
Preguntas frecuentes
¿Qué enseña la parábola de los siervos vigilantes?
Enseña que los discípulos de Jesús viven como siervos a cargo de una casa mientras su señor está de viaje. Cada uno tiene un trabajo, y el portero tiene además la tarea de velar. Como nadie sabe cuándo volverá el señor, la manera de estar preparado es hacer cada día lo encargado, sin dormirse.
¿Quién es el portero de la parábola?
Es el siervo encargado de la puerta, que en las casas grandes vigilaba quién entraba y abría al señor cuando llegaba. Marcos lo destaca porque su oficio resume el de todos: estar atento. Algunos lo leen como imagen de los responsables de la comunidad, pero Jesús termina extendiendo el encargo a todos: «á todos las digo: Velad».
¿Por qué Jesús dice que ni el Hijo sabe el día ni la hora?
Marcos 13:32 dice: «de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre». Es parte de la humildad con que Jesús vivió su misión: no vino a dar fechas, sino a preparar a los suyos. La consecuencia práctica es clara: si ni el Hijo dio la fecha, nadie puede darla.
¿Qué relación tiene esta parábola con Getsemaní?
Marcos 13:36 dice: «no os halle durmiendo». En Getsemaní, Jesús pide a Pedro, Jacobo y Juan que velen, y vuelve tres veces y «los halló durmiendo» (Marcos 14:37-41). Además, las cuatro horas de la parábola —tarde, medianoche, canto del gallo, mañana— recuerdan la cena, Getsemaní, la negación de Pedro y la entrega a Pilato.
¿Qué diferencia hay con la parábola del ladrón en la noche?
En la parábola de Mateo 24:43 el que llega de noche es un ladrón, y el dueño vela para protegerse. En Marcos 13 el que llega es el propio señor de la casa, y los siervos velan para recibirlo. La primera subraya la sorpresa; la segunda, la responsabilidad de cada siervo con la obra que le dejaron.
Fuentes y lecturas
- Texto bíblico: Marcos 13:33-37, Reina-Valera Antigua, en BibleGateway.




