La parábola de cosas nuevas y cosas viejas es la más breve de Mateo 13, y la que cierra el discurso. Jesús pregunta a sus discípulos si han entendido, y luego les dice qué hacer con lo aprendido: ser como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
El texto bíblico (Mateo 13:51-52, RVA)
51 Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor. 52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Inmediatamente después, Mateo cierra la sección: «Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí» (13:53). Esta es, por tanto, la última palabra del discurso.
Contexto histórico y cultural
El final de un largo día de parábolas
Mateo 13 reúne las grandes parábolas del reino: el sembrador, la cizaña, el grano de mostaza, la levadura, el tesoro escondido, la perla de gran precio y la red. Las primeras las dijo a la multitud, desde una barca. Después, «despedidas las gentes, Jesús se vino á casa» (13:36), y allí siguió enseñando a los discípulos en privado.
Es en esa casa donde llega la pregunta: «¿Habéis entendido todas estas cosas?». No es una pregunta menor. Al comienzo del capítulo, Jesús había explicado que hablaba en parábolas porque muchos «viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden» (13:13). Y había dicho a los suyos: «bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen» (13:16). Ahora les pide que lo confirmen.
Qué era un escriba
Un escriba era un estudioso y maestro de las Escrituras de Israel. Copiaba los textos, los interpretaba y enseñaba a vivirlos. El gran modelo era Esdras, del que la Biblia dice que «era escriba diligente en la ley de Moisés» y que «había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para hacer y enseñar á Israel» (Esdras 7:6, 10).
En los evangelios aparecen escribas que discuten con Jesús, pero también otros que se le acercan con sinceridad. Uno le dijo: «Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres» (Mateo 8:19). A otro, que había respondido bien sobre el mandamiento más grande, Jesús le dijo: «No estás lejos del reino de Dios» (Marcos 12:34). La parábola no habla mal de los escribas: toma su oficio como imagen de lo que debe ser un discípulo.
El padre de familia y su tesoro
El «padre de familia» es el dueño de una casa, el responsable de lo que hay en ella. Es la misma figura que aparece en otras parábolas de Mateo, como la de la cizaña (13:27) o la de los obreros de la viña (20:1).
En una casa de entonces, el tesoro no era solo dinero: eran los bienes guardados, las provisiones, los objetos de valor heredados. Una casa bien administrada tenía lo de la última cosecha y lo que se conservaba desde hacía años. La Biblia conoce esa imagen: «á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, Que para ti, oh amado mío, he guardado» (Cantares 7:13).
Explicación versículo por versículo
Versículo 51 — «¿Habéis entendido todas estas cosas?»
Jesús no termina el discurso con una conclusión solemne, sino con una pregunta. Le interesa que sus discípulos hayan comprendido, no solo que hayan escuchado.
La respuesta, «Sí, Señor», puede parecer demasiado rápida. Más adelante, los mismos discípulos tendrán dificultades para entender (Mateo 15:16; 16:9). Pero Jesús no los corrige: les da una tarea. Entender no es el final del camino, sino el comienzo de una responsabilidad.
El libro de Daniel unía ya las dos cosas: «los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad» (Daniel 12:3). Jesús había hecho eco de ese texto poco antes, al decir que «los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mateo 13:43).
Versículo 52 — «Por eso todo escriba docto en el reino»
«Docto en el reino». La expresión griega significa literalmente «hecho discípulo» del reino. Mateo usa el mismo verbo para José de Arimatea, que «había sido discípulo de Jesús» (27:57), y en el mandato final: «doctrinad á todos los Gentiles» (28:19). El escriba del reino no es un erudito con títulos, sino alguien que ha aprendido de Jesús.
«Saca de su tesoro». El verbo indica un gesto activo: sacar, poner delante, ofrecer. El tesoro no está para esconderlo, sino para compartirlo. Jesús ya había usado la imagen del tesoro interior: «El hombre bueno del buen tesoro del corazón saca buenas cosas» (Mateo 12:35).
«Cosas nuevas y cosas viejas». Lo nuevo es lo que Jesús acaba de enseñar: que el reino de los cielos ha llegado, pequeño como una semilla, escondido como un tesoro, valioso como una perla. Lo viejo son las Escrituras de Israel: la Ley, los Profetas y los Salmos.
El mismo capítulo 13 muestra cómo se combinan. Al explicar por qué habla en parábolas, Jesús cita a Isaías (13:14-15, de Isaías 6:9-10). Mateo ve en sus parábolas el cumplimiento del Salmo 78:2: «Abriré en parábolas mi boca» (13:35). El grano de mostaza que se hace árbol, con aves en sus ramas, recuerda el gran árbol de Ezequiel 17:23. Lo nuevo de Jesús está tejido con lo viejo.
Por eso tantos lectores han visto en este versículo un retrato del propio Mateo: un evangelio que muestra una y otra vez cómo lo que Jesús hace cumple lo que estaba escrito.
Lo que esta parábola NO significa
No significa que lo viejo haya quedado anulado. El padre de familia no tira lo viejo: lo saca de su tesoro, junto a lo nuevo, porque lo valora. Jesús lo dijo claramente: «No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir» (Mateo 5:17). Las Escrituras de Israel no son un capítulo superado, sino parte del tesoro del discípulo. (Lo explicamos también en la parábola del remiendo y los odres, que a veces se ha leído, sin razón, como un rechazo de la fe de Israel.)
No es una crítica a los escribas ni al pueblo judío. Jesús toma la figura del escriba, un maestro de la fe de Israel, como modelo positivo del discípulo. Él mismo enseñaba en las sinagogas, y en la de Nazaret leyó el rollo del profeta Isaías (Lucas 4:16-17). La parábola nace dentro de esa tradición, no contra ella.
No es una invitación a la novedad por la novedad. Lo nuevo de la parábola no es cualquier idea reciente, sino lo que Jesús ha enseñado sobre el reino. Buscar siempre algo distinto, sin raíces, no es lo que hace el escriba del reino.
Tampoco es un elogio de la nostalgia. Quien solo saca cosas viejas, y se resiste a lo que Dios está haciendo, también se queda corto. Dios anuncia por medio de Isaías: «He aquí que yo hago cosa nueva» (Isaías 43:19). El tesoro tiene las dos cosas.
Aplicación práctica
1. Asegúrate de entender. Jesús pregunta: «¿Habéis entendido?». Leer o escuchar no basta. Cuando leas la Biblia, detente a preguntarte qué has comprendido y qué no. Si te cuesta, esta guía sobre cómo estudiar la Biblia puede ayudarte.
2. Lee juntos los dos Testamentos. El discípulo de Jesús necesita la Ley, los Profetas y los Salmos para entender el evangelio. Jesús mismo, después de resucitar, «comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24:27). Sus discípulos dijeron después: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros... cuando nos abría las Escrituras?» (24:32).
3. Guarda un tesoro. Lo que no se guarda no se puede sacar. Aprender versículos de memoria, anotar lo que Dios te enseña en un diario de oración o volver a pasajes conocidos es ir llenando ese tesoro, para que esté disponible cuando tú, o alguien a tu lado, lo necesite.
4. Comparte lo que has recibido. El padre de familia «saca» de su tesoro para los de su casa. Lo que has aprendido de Dios no es solo para ti. Una palabra antigua, dicha a tiempo, puede ser nueva para quien la escucha.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la parábola de cosas nuevas y cosas viejas?
Que quien ha aprendido el reino de los cielos es como un padre de familia con un tesoro bien guardado: cuando hace falta, saca de él cosas nuevas y cosas viejas. Lo nuevo es la enseñanza de Jesús sobre el reino; lo viejo, la Ley, los Profetas y los Salmos. El discípulo no tira ninguna de las dos, sino que las entiende juntas y las comparte.
¿Qué era un escriba en tiempos de Jesús?
Un estudioso y maestro de las Escrituras. Copiaba, interpretaba y enseñaba la ley de Moisés. El modelo era Esdras, «escriba diligente en la ley de Moisés», que había preparado su corazón «para inquirir la ley de Jehová, y para hacer y enseñar» (Esdras 7:6, 10). En los evangelios hay escribas que discuten con Jesús y otros que se le acercan con sinceridad (Mateo 8:19; Marcos 12:34).
¿Qué quiere decir «docto en el reino de los cielos»?
La palabra griega significa literalmente «hecho discípulo» del reino. Es el mismo verbo que Mateo usa para José de Arimatea, que «había sido discípulo de Jesús» (27:57), y para el mandato final: «doctrinad á todos los Gentiles» (28:19). No se trata de un título académico, sino de alguien que ha aprendido de Jesús.
¿Por qué dice primero «nuevas» y después «viejas»?
Muchos intérpretes ven en ese orden un acento: lo nuevo, la llegada del reino en Jesús, es lo que da su sentido pleno a lo viejo. Pero la frase no desprecia lo viejo; lo mantiene dentro del mismo tesoro. Cantares 7:13 usa una expresión parecida para hablar de frutos «nuevas y añejas» guardados con amor.
¿Enseña esta parábola que el Antiguo Testamento ya no sirve?
Al contrario. El padre de familia saca cosas viejas de su tesoro porque las valora. Jesús dijo: «No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir» (Mateo 5:17). Las Escrituras de Israel son parte del tesoro del discípulo, no algo que se deja atrás.
Fuentes y lecturas
- Texto bíblico: Mateo 13:51-52, Reina-Valera Antigua, en BibleGateway.




