La parábola de la higuera es una lección de observación. Cuando la rama se pone tierna y brotan las hojas, todos saben que el verano está cerca. Jesús la usa para enseñar a leer las señales sin caer en el error opuesto, el de calcular fechas. La higuera dice la estación, no el día.

El texto bíblico (Mateo 24:32-35, RVA)

32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan. 35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

La misma parábola aparece en Marcos 13:28-31 y en Lucas 21:29-33. Lucas amplía la imagen —«Mirad la higuera y todos los árboles»— y dice que lo que está cerca es «el reino de Dios» (21:31).

Contexto histórico y cultural

Un discurso que empieza con el templo

Todo el capítulo 24 de Mateo nace de una escena: los discípulos le muestran a Jesús los edificios del templo, y él responde: «no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída» (24:2). Ya en el monte de los Olivos, le preguntan cuándo será eso y qué señal habrá de su venida (24:3).

Jesús habla entonces de guerras, persecuciones y engaños, y advierte varias veces que no hay que dejarse confundir. La parábola de la higuera llega casi al final, como una forma de resumir: las señales existen y se pueden reconocer.

Por qué la higuera

La elección no es casual. En la tierra de Israel, muchos árboles, como el olivo o el algarrobo, conservan la hoja todo el año. La higuera no: en invierno queda con las ramas desnudas, y en primavera la savia vuelve, la rama «se enternece» y aparecen las hojas. Para un campesino era un calendario a la vista.

Y hay un detalle de tiempo. Jesús pronuncia este discurso dos días antes de la Pascua (Mateo 26:2), en primavera. Las higueras del monte de los Olivos —cerca estaba Betfagé, cuyo nombre suele explicarse como «casa de los higos verdes»— estaban justo en ese momento echando hojas. Jesús señala algo que los discípulos tenían delante de los ojos.

Diagrama del año de la higuera: en invierno pierde las hojas; en primavera, hacia la Pascua, la rama se enternece y brotan las hojas; a comienzos del verano maduran las brevas y a fines del verano llega la cosecha principal. Debajo: la higuera enseña a reconocer la estación (v. 33), pero no dice el día ni la hora (v. 36)

El verano y el fin

En la Biblia, la cosecha de verano tiene un eco especial. El profeta Amós vio en una visión «un canastillo de fruta de verano», y Dios le dijo: «Venido ha el fin sobre mi pueblo Israel» (Amós 8:1-2). En hebreo, «fruta de verano» (qáyits) y «fin» (qets) suenan casi igual. Jesús no cita a Amós, pero sus oyentes conocían esa asociación entre el verano y la llegada de un tiempo decisivo.

Explicación versículo por versículo

Versículo 32 — «De la higuera aprended la parábola»

La primera palabra es una invitación a aprender de lo cotidiano. Jesús no pide una revelación especial ni un cálculo complicado: pide mirar con atención lo que cualquiera puede ver. Las señales de Dios no suelen ser secretas; lo que falta muchas veces es atención.

En otra ocasión, Jesús se lamentó de que la gente supiera leer el cielo y no el momento que vivía: «Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?» (Lucas 12:56).

Versículo 33 — «Á las puertas»

La aplicación es directa: cuando se vean «todas estas cosas», hay que saber que lo anunciado está cerca, «á las puertas». La imagen es la de alguien que ya está en el umbral, a punto de llamar.

El texto no dice exactamente quién o qué está a las puertas; Lucas lo precisa: «el reino de Dios». La certeza que transmite no es la de una fecha, sino la de una cercanía.

Versículo 34 — «No pasará esta generación»

Es uno de los versículos más difíciles del evangelio, y conviene decirlo con honestidad. Hay varias interpretaciones:

  • Los contemporáneos de Jesús. Muchos intérpretes entienden que «todas estas cosas» se refieren sobre todo a lo anunciado sobre el templo (24:1-2), que se cumplió en el año 70, cuando las tropas romanas destruyeron Jerusalén, unos cuarenta años después. El «día» del versículo 36, que nadie conoce, sería la venida final.
  • Un sentido más amplio. Otros recuerdan que la palabra griega para «generación» puede designar también un tipo de personas, y la leen como una referencia a la humanidad que vive en el tiempo de las señales.

En ningún caso «esta generación» designa al pueblo judío como tal. Y la destrucción de Jerusalén no fue para Jesús motivo de triunfo: al ver la ciudad, días antes, «lloró sobre ella» (Lucas 19:41).

Versículo 35 — «Mis palabras no pasarán»

En medio de un discurso sobre guerras, señales y el fin del mundo conocido, Jesús pone una sola cosa a salvo: sus palabras. Es un eco de Isaías: «Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre» (Isaías 40:8).

La higuera pierde las hojas cada invierno; el cielo y la tierra pasarán. Lo que Jesús dice permanece. Esa es la verdadera seguridad del discípulo, no el conocimiento de la fecha.

Lo que esta parábola NO significa

No es una herramienta para calcular fechas. La higuera anuncia una estación, no un día. Y Jesús lo dice expresamente en el versículo siguiente: «del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo» (24:36). Muchas predicciones fallidas a lo largo de la historia han empezado por olvidar este versículo.

La higuera no es un código secreto. Algunas lecturas modernas han visto en la higuera un símbolo político o nacional y han construido calendarios a partir de ella. El texto no lo sugiere: la higuera es un ejemplo de la naturaleza que cualquiera puede observar, y Lucas añade «y todos los árboles».

No es la higuera estéril ni la higuera maldita. La parábola de la higuera estéril (Lucas 13:6-9) habla de la paciencia de Dios con un árbol sin fruto. La higuera maldita (Marcos 11:12-14) es un hecho: Jesús busca fruto en una higuera con hojas y no lo encuentra, «porque no era tiempo de higos». Aquí la higuera solo marca la estación.

No es un mensaje de miedo. El verano, en la imagen de Jesús, es una estación esperada: la de la cosecha. Para el discípulo, que lo anunciado esté «á las puertas» es una buena noticia.

Aplicación práctica

1. Aprende a mirar. La primera lección es la atención. Dios habla también a través de lo que sucede: en la historia, en la vida de los demás, en la propia. Pregúntate qué «hojas» están brotando a tu alrededor y qué te dicen sobre el momento que vives.

2. No cambies atención por ansiedad. Estar atentos no es vivir pendientes de cada noticia buscando el fin del mundo. La higuera no se apresura ni se angustia: brota cuando llega su tiempo.

3. Apóyate en lo que no pasa. Todo cambia: las estaciones, los gobiernos, las certezas de una época. Las palabras de Jesús no. Dedicar tiempo cada día a escucharlas es la mejor manera de estar preparado para lo que venga.

4. Recuerda lo que viene después. En Mateo, tras la higuera llegan las parábolas de la espera: la del dueño de casa vigilante y la del mayordomo fiel y prudente. La lección es la misma: como no sabemos el día, lo mejor es vivir cada día en el puesto.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la parábola de la higuera?

Que así como los brotes de la higuera anuncian que el verano está cerca, las señales de las que Jesús acababa de hablar anuncian que lo que él anunció está cerca, «á las puertas» (Mateo 24:33). Es una invitación a la atención. Pero la misma higuera muestra su límite: dice la estación, no el día exacto, y Jesús lo confirma en 24:36.

¿Por qué Jesús eligió precisamente la higuera?

Porque en la tierra de Israel la mayoría de los árboles, como el olivo, conservan la hoja todo el año, mientras que la higuera la pierde en invierno. Su brote en primavera es un aviso visible para cualquiera. Además, Jesús habla días antes de la Pascua, la época en que las higueras del monte de los Olivos estaban echando hojas.

¿Qué significa «no pasará esta generación»?

Es uno de los versículos más discutidos del evangelio. Muchos intérpretes lo refieren a los contemporáneos de Jesús y a los hechos que anunció sobre el templo (24:1-2), que se cumplieron en el año 70; el «día» del versículo 36, que nadie conoce, sería la venida final. Otros dan a «generación» un sentido más amplio. En cualquier caso, no designa a un pueblo, y el versículo siguiente pone el acento en la firmeza de las palabras de Jesús.

¿Es la misma que la higuera estéril o la higuera maldita?

No. La higuera estéril es una parábola de Lucas 13:6-9 sobre la paciencia de Dios con un árbol que no da fruto. La higuera maldita es un hecho que cuentan Marcos 11 y Mateo 21: Jesús busca fruto en una higuera con hojas y no lo encuentra. La parábola de Mateo 24 usa la higuera solo como señal de la estación.

¿Se puede usar esta parábola para calcular el fin del mundo?

No. La higuera enseña a reconocer una estación, no a fijar una fecha. Inmediatamente después, Jesús dice: «del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo» (Mateo 24:36). Quien usa la parábola para calcular fechas le pide justo lo que ella no puede dar.

Fuentes y lecturas