La parábola de los labradores malvados es la advertencia más directa que Jesús dirigió a los líderes religiosos de su tiempo. Tomó el cántico de la viña de Isaías 5, que todos conocían, y le cambió un solo detalle: esta vez la viña no falla; fallan quienes la administran. Y los propios oyentes, sin darse cuenta, dictaron la sentencia.

El texto bíblico (Mateo 21:33-46, RVA)

33 Oíd otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando á los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; é hicieron con ellos de la misma manera. 37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo. 38 Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad. 39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores? 41 Dícenle: á los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos. 42 Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, Esta fué hecha por cabeza de esquina: Por el Señor es hecho esto, Y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. 46 Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

Contexto histórico y cultural

La segunda de tres, y la más dura

Esta parábola es la continuación directa de la parábola de los dos hijos. El escenario es el mismo: el patio del Templo, pocos días antes de la Pascua en que Jesús sería crucificado, frente a los príncipes de los sacerdotes y los ancianos que acababan de preguntarle «¿Con qué autoridad haces esto?».

Los dos hijos preguntaban quién obedece de verdad. Los labradores responden algo más grave: qué pasa con quien no solo desobedece, sino que se queda con lo que no es suyo.

Jesús copió a Isaías… y cambió una sola cosa

Cualquier oyente judío reconocía el comienzo. Isaías 5 cuenta de un amado que tenía una viña, la cercó, la despedregó, la plantó de vides escogidas, «había edificado en medio de ella una torre» y asentó un lagar. Jesús reproduce los mismos cuatro gestos: plantó, cercó, cavó un lagar, edificó una torre.

Hasta ahí, el auditorio sabía cómo terminaba la historia. En Isaías, la viña da uvas silvestres, y el dueño anuncia que le quitará el vallado y la dejará desierta. El texto lo explica sin rodeos: «la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel» (Isaías 5:7).

Pero Jesús cambia el problema. En su parábola la viña produce: llega «el tiempo de los frutos» y hay fruto que recoger. Lo que falla son los labradores, los encargados de entregarlo. Y por eso el final también cambia: la viña no se destruye, se entrega a otros.

Comparación entre Isaías 5 y Mateo 21: el dueño hace los mismos cuatro gestos en ambos textos, pero en Isaías el fallo está en la viña y en Mateo está en los labradores; la viña de Isaías queda desierta y la de Mateo pasa a otros labradores

Un dueño ausente no era una ficción

La escena era reconocible en la Palestina del siglo I. Buena parte de la tierra cultivable pertenecía a grandes propietarios que vivían lejos y la arrendaban a campesinos a cambio de una parte de la cosecha. La tensión entre arrendatarios y dueños era real, y a veces violenta.

Hay un documento que lo ilustra bien. Los papiros de Zenón, un archivo egipcio del siglo III a. C., conservan el caso de un agente enviado a cobrar una deuda a un aldeano de Palestina: el deudor y los suyos lo echaron del pueblo sin pagarle. Tres siglos antes de Jesús, la escena de los siervos maltratados ya había ocurrido.

El dueño esperó años antes de pedir nada

Un detalle que casi nadie menciona: una viña recién plantada no da cosecha el primer año. Y la Ley añadía una espera más. Levítico 19:23-25 prohibía aprovechar el fruto de lo plantado durante los tres primeros años; el cuarto año el fruto era consagrado a Dios, y solo al quinto podía comerlo el dueño (la tradición judía aplicaba esta norma también a las vides).

Cuando el texto dice que «se acercó el tiempo de los frutos», el dueño llevaba años invirtiendo sin recibir nada. No pide antes de tiempo. Pide lo que es suyo, cuando corresponde.

La multitud acababa de cantar ese salmo

La cita del versículo 42 no es casual. Pocos días antes, al entrar Jesús en Jerusalén, la multitud gritaba «Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Mateo 21:9). Esa frase es el Salmo 118:26.

Jesús cita el mismo salmo, cuatro versículos antes: «La piedra que desecharon los que edificaban». Los que lo habían oído aclamar sabían de dónde venía la cita. El salmo que celebraba su llegada también anunciaba su rechazo.

Explicación versículo por versículo

Versículo 33 — Todo lo hizo el dueño

Plantar, cercar, cavar, edificar: los cuatro verbos son del dueño. Los labradores reciben una viña terminada, protegida y equipada. No construyeron nada; solo tenían que trabajarla y entregar la parte acordada.

Versículos 34-36 — Siervos heridos, muertos y apedreados

Los envíos se repiten y la violencia crece: herir, matar, apedrear. El segundo grupo es «más que los primeros», y recibe el mismo trato.

Para el oyente, la referencia era clara. Los siervos son los profetas, y Jesús lo dirá sin parábola dos capítulos después: «Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti» (Mateo 23:37).

Versículo 37 — «Tendrán respeto á mi hijo»

Aquí la parábola deja de parecerse a la vida real. Ningún dueño sensato enviaría a su heredero, solo, adonde ya habían matado a sus mensajeros. Lo razonable era mandar soldados.

Y precisamente por eso el versículo importa. Es el retrato de una paciencia que va más allá de lo prudente. El dueño insiste cuando ya no hay motivo para esperar nada.

Versículo 38 — «Este es el heredero»

Los labradores no se equivocan de persona. Saben exactamente quién es. Su cálculo es frío: si eliminan al heredero, la viña queda para ellos.

Algunos estudiosos, como Joachim Jeremias, propusieron que los labradores suponían muerto al dueño y creían poder reclamar la tierra por posesión. Sea cual sea el mecanismo legal, el texto subraya lo esencial: lo reconocieron, y por eso lo mataron.

Versículo 39 — «Le echaron fuera de la viña, y le mataron»

Compare con Marcos 12:8: «le mataron, y echaron fuera de la viña». En Marcos, primero lo matan y después arrojan el cuerpo. Mateo y Lucas invierten el orden: primero lo sacan, después lo matan.

El detalle no es menor. Jesús fue crucificado fuera de los muros de Jerusalén: «padeció fuera de la puerta» (Hebreos 13:12), y el orden de Mateo y Lucas coincide con lo que ocurriría días después.

Versículos 40-41 — Los oyentes dictan la sentencia

Jesús no da la conclusión: la pregunta. Y ellos responden con dureza: «á los malos destruirá miserablemente».

Es la misma trampa de Isaías 5:3, donde el profeta invita a los oyentes: «juzgad ahora entre mí y mi viña». En la versión de Lucas, cuando entienden hacia dónde va la historia, exclaman: «¡Dios nos libre!» (Lucas 20:16). En Mateo ni siquiera se dan cuenta. Pronuncian su propia sentencia.

Versículo 42 — La piedra desechada

Del Salmo 118:22-23. La imagen cambia de la viña al edificio, pero el sentido sigue: lo que los constructores descartaron termina sosteniendo todo.

Muchos comentaristas señalan además un juego de palabras en hebreo, la lengua del salmo: «hijo» se dice ben y «piedra» se dice eben. El hijo rechazado de la parábola y la piedra rechazada del salmo son la misma figura.

De dónde viene esa piedra —el Salmo 118, Isaías y Daniel— y cómo la usaron después los apóstoles lo explicamos en la parábola de la piedra desechada.

Versículo 43 — «Será dado á gente que haga los frutos de él»

Es la aplicación explícita. Lo que se quita no es la viña: es el encargo. Y el criterio del nuevo encargo es el mismo del principio: dar fruto.

Versículo 44 — Una nota textual

Algunos manuscritos antiguos de Mateo no incluyen este versículo, y varias ediciones modernas lo imprimen entre corchetes. La frase sí aparece, sin discusión, en Lucas 20:18. Si su Biblia lo marca de forma distinta, esa es la razón.

Versículos 45-46 — Entendieron… y lo hicieron

«Entendieron que hablaba de ellos.» La parábola funcionó: la captaron completa. Y su respuesta fue buscar cómo prenderlo, exactamente lo que hacen los labradores con el hijo.

Pocos días después, la historia dejó de ser una parábola.

Lo que esta parábola NO significa

No significa que Dios rechazara al pueblo judío. En Isaías, la viña es Israel. En la parábola de Jesús, la viña no es el problema: se conserva y se entrega a otros labradores. El juicio cae sobre los administradores, y el texto dice a quiénes se refería: los príncipes de los sacerdotes y los fariseos (v. 45). Esta parábola se usó durante siglos para justificar el desprecio hacia los judíos; esa lectura contradice lo que el propio texto afirma.

No significa que el dueño fuera ingenuo. Enviar al hijo parece un error de cálculo. En la lógica de la parábola, es la última muestra de una paciencia que ya había sobrevivido a varios envíos de siervos maltratados. Lo que parece ingenuidad es misericordia llevada al extremo.

No significa que el lector quede automáticamente del lado bueno. Los «otros labradores» reciben la viña con la misma condición: entregar el fruto «á sus tiempos». La advertencia no se agotó en el siglo I. Alcanza a cualquiera que administre algo de Dios.

No es un código donde cada detalle tiene una traducción. La torre, el lagar o el número exacto de siervos no esconden significados secretos. Son parte del decorado que Jesús tomó de Isaías para que el auditorio reconociera la historia. Lo que tiene peso es la estructura: el dueño, los enviados, el hijo, el fruto retenido.

Aplicación práctica

1. Administrar no es poseer. Los labradores no fracasaron por perezosos: la viña producía. Fracasaron porque empezaron a tratar como propio lo que les habían confiado. Es un error que no necesita maldad visible: basta con olvidar de quién es la viña.

2. La paciencia de Dios tiene historia, pero también tiene tiempo. El dueño esperó años antes de pedir fruto, y envió mensajero tras mensajero. Esa paciencia es real. Pero la respuesta de los oyentes termina con «á sus tiempos»: la espera no es indefinida.

3. Es posible entender una parábola y hacer lo contrario. Los líderes captaron el mensaje entero (v. 45) y aun así buscaron cómo prender a Jesús. Entender no es lo mismo que cambiar. La pregunta no es si comprendemos la parábola, sino qué hacemos después de comprenderla.

Sobre la paciencia de un dueño que espera fruto, vale la pena leer también la parábola de la higuera estéril, donde la misericordia aparece como un plazo más.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la parábola de los labradores malvados?

Es una advertencia contra quienes administran lo que es de Dios como si fuera propio. El dueño de la viña representa a Dios, los siervos a los profetas, el hijo a Jesús y los labradores a los líderes religiosos que lo escuchaban. Ellos mismos lo entendieron así: «entendieron que hablaba de ellos» (Mateo 21:45).

¿Quiénes son los labradores en la parábola?

Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, no el pueblo de Israel. En Isaías 5 la viña es la casa de Israel; en la parábola de Jesús la viña está bien y el problema son quienes la administran. Por eso la viña no se destruye: se entrega a otros labradores.

¿Por qué el dueño envió a su hijo después de que mataran a sus siervos?

Desde un punto de vista práctico, era una decisión absurda, y ese es el punto. La frase «Tendrán respeto á mi hijo» muestra una paciencia que va más allá de lo razonable. La parábola retrata a un Dios que insiste cuando cualquier dueño humano ya habría mandado soldados.

¿Qué relación tiene la parábola con Isaías 5?

Jesús reproduce los cuatro gestos del dueño del cántico de la viña de Isaías 5:1-7: plantar, cercar, cavar un lagar y edificar una torre. Pero cambia el problema: en Isaías la viña da uvas silvestres y queda desierta; en Mateo la viña da fruto y son los labradores quienes no lo entregan.

¿Qué significa «la piedra que desecharon los que edificaban»?

Es una cita del Salmo 118:22-23, el mismo salmo que la multitud había cantado días antes al recibir a Jesús en Jerusalén («Bendito el que viene en el nombre del Señor», Salmo 118:26). Jesús lo usa para decir que el hijo rechazado por los constructores terminará siendo la piedra principal del edificio.

¿Enseña esta parábola que Dios rechazó al pueblo judío?

No. El juicio recae sobre los labradores, no sobre la viña, y los propios oyentes entendieron que la parábola hablaba de ellos como líderes. Leerla como un rechazo del pueblo judío contradice el texto y ha servido históricamente para justificar el antisemitismo.

Fuentes y lecturas

  • Texto bíblico: Mateo 21:33-46, Reina-Valera Antigua, en BibleGateway.
  • Joachim Jeremias, Las parábolas de Jesús (Estella: Verbo Divino; original alemán Die Gleichnisse Jesu, 1947), sobre la hipótesis de que los labradores creían muerto al dueño.