El ayuno es una de las prácticas más antiguas de la fe, y también una de las más olvidadas. A muchos les suena a algo extremo, reservado para personas muy espirituales. Pero en la Biblia es algo normal, sencillo y profundamente humano: dejar algo bueno por un tiempo, para hacer lugar a lo que importa más.

Jesús dijo «cuando ayunáis»

En el Sermón del Monte, Jesús habla de tres prácticas: dar limosna, orar y ayunar. Y de las tres dice lo mismo: «cuando». «Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas» (Mateo 6:16). No dice «si alguna vez ayunan»; da por hecho que sus discípulos lo harán.

Él mismo lo explicó cuando le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban mientras estaba con ellos: «vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días» (Lucas 5:35). Esa conversación merece un artículo propio; aquí basta con quedarse con la idea: el ayuno es parte de la vida de quien sigue a Jesús. Justo después, en el mismo pasaje, Jesús cuenta la parábola del remiendo y los odres viejos.

Qué es el ayuno bíblico (y qué no es)

No es una dieta. Aunque se deje de comer, el objetivo no es bajar de peso ni desintoxicarse. Si el motivo es ese, puede ser algo bueno, pero no es un ayuno espiritual.

No es una huelga de hambre para convencer a Dios. Dios no se deja presionar. El profeta Zacarías le transmite al pueblo una pregunta incómoda: «cuando ayunasteis… ¿habéis ayunado para mí?» (Zacarías 7:5). Se puede dejar de comer y no estar buscando a Dios en absoluto.

No es solo algo que pasa en el estómago. Joel lo dice con una imagen fuerte: «lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos» (Joel 2:13). Y Isaías añade que el ayuno que Dios escoge incluye «que partas tu pan con el hambriento» (Isaías 58:7). El ayuno que no cambia nada en cómo trato a los demás se queda a mitad de camino.

Lo que sí es: un tiempo de dejar algo bueno para buscar a Dios con más atención. El hambre se vuelve un recordatorio, y el tiempo de las comidas, un espacio para orar.

Por qué ayunaban en la Biblia

Para arrepentirse y volver a Dios. «Convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto» (Joel 2:12).

En momentos de dolor. Cuando Nehemías supo que Jerusalén seguía en ruinas, «sentéme y lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré» (Nehemías 1:4).

Antes de decisiones importantes. La iglesia de Antioquía ayunaba y oraba cuando el Espíritu Santo les indicó enviar a Bernabé y a Saulo (Hechos 13:2-3).

Ante un peligro. La reina Ester pidió a los judíos de Susa que ayunaran por ella antes de presentarse ante el rey arriesgando su vida (Ester 4:16).

En todos los casos, el ayuno acompaña la oración. No la reemplaza.

Distintas formas de ayunar

Ayuno normal: dejar la comida durante un tiempo, bebiendo agua. Es el más común.

Ayuno parcial: dejar ciertos alimentos. Daniel cuenta que durante tres semanas «no comí pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca» (Daniel 10:3). Por eso a veces se lo llama «ayuno de Daniel».

Ayuno de una comida: dejar el desayuno o el almuerzo de un día, y usar ese tiempo para orar. Es una buena forma de empezar.

Ayuno de otras cosas: la Biblia también habla de apartarse por un tiempo de algo bueno «para ocuparos en la oración» (1 Corintios 7:5). Hoy puede ser un día sin redes sociales, sin pantallas o sin un gusto diario. Es una buena opción para quien no puede dejar la comida.

Hay ayunos extraordinarios en la Biblia, como los cuarenta días de Jesús en el desierto (Mateo 4:2) o los tres días sin comer ni beber de Ester. No son modelos para copiar, y dejar de beber agua es peligroso.

Cómo hacer tu primer ayuno

Empieza con algo alcanzable: un día, de cena a cena, bebiendo agua.

Plan para un primer ayuno de un día, de cena a cena: la noche anterior, cena normal y un propósito escrito; por la mañana y al mediodía, usar el tiempo de las comidas para orar; por la tarde, usar el hambre como recordatorio; en la cena, romper el ayuno con algo liviano. Recuadro: consultar a un médico antes de ayunar en caso de embarazo, enfermedad crónica, medicación, trastorno alimentario o minoría de edad

1. Decide el propósito antes de empezar. Escribe en una línea por qué vas a ayunar: una decisión, una persona, una carga, un tiempo de volver a Dios. Si llevas un diario de oración, ese es el lugar ideal para anotarlo. Sin propósito, el ayuno se vuelve solo hambre.

2. Usa el tiempo de las comidas. Lo que dedicarías a desayunar o almorzar, dedícalo a orar y leer un pasaje. No hace falta mucho: diez minutos con atención valen más que una hora distraída.

3. Deja que el hambre te recuerde. El hambre va a llegar. No la combatas: cada vez que aparezca, conviértela en una oración breve.

4. Bebe agua todo el día. Es importante para la salud y no le quita valor al ayuno.

5. Rompe el ayuno con algo liviano. Una comida sencilla, sin excesos. Da gracias y anota algo que Dios te haya mostrado.

Hazlo en secreto

Jesús pide algo muy concreto: «Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto» (Mateo 6:17-18).

No hace falta anunciarlo ni que se note. Si alguien en tu familia necesita saberlo, díselo con naturalidad. Pero el ayuno no es una forma de mostrar devoción: es una conversación privada con Dios.

Cuándo no ayunar sin consultar a un médico

El ayuno de comida no es para todos, y eso no tiene nada de malo. Consulta a un médico antes si estás embarazada o amamantando, si tienes diabetes u otra enfermedad crónica, si tomas medicación diaria, si tienes o tuviste un trastorno alimentario, o si eres menor de edad.

En esos casos, puedes ayunar de otra cosa: redes sociales, pantallas, un gusto diario. Lo que importa no es cuánto dejas, sino para quién lo dejas.

Un paso concreto para hoy

Elige un día de esta semana para ayunar una sola comida: el desayuno o el almuerzo. Escribe hoy, en una línea, por qué lo vas a hacer. Cuando llegue ese momento, usa el tiempo de la comida para orar por eso que escribiste.

Si no sabes qué decirle a Dios en ese rato, empieza por aquí: cómo empezar a orar cuando no sabes qué decir. Y si después de unas semanas quieres probar un día completo, el plan de arriba te sirve de guía.

Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre el ayuno?

Que es una práctica normal en la vida de fe: Jesús dice «cuando ayunáis», no «si ayunáis» (Mateo 6:16). En la Biblia se ayuna para arrepentirse, en momentos de duelo o peligro, y antes de decisiones importantes. Y los profetas advierten que el ayuno que agrada a Dios va unido a la justicia y a la compasión (Isaías 58:6-7).

¿Cómo se hace un ayuno según la Biblia?

Lo más sencillo es empezar con un ayuno de un día, de cena a cena, bebiendo agua. El tiempo de las comidas se usa para orar y leer la Biblia, y el hambre sirve de recordatorio. Jesús pide hacerlo con discreción, sin mostrarlo (Mateo 6:17-18).

¿Qué es el ayuno de Daniel?

Es un ayuno parcial inspirado en Daniel 10:3, donde el profeta cuenta que durante tres semanas no comió «pan delicado, ni entró carne ni vino» en su boca. No es dejar toda la comida, sino privarse de ciertos alimentos durante un tiempo.

¿Quién no debería ayunar sin consultar a un médico?

Las mujeres embarazadas o que amamantan, las personas con diabetes u otra enfermedad crónica, quienes toman medicación diaria, quienes tienen o tuvieron un trastorno alimentario y los menores de edad. En esos casos se puede ayunar de otras cosas, como las redes sociales o las pantallas.

¿Se puede beber agua durante el ayuno?

Sí, y conviene hacerlo. El ayuno más común en la Biblia es dejar la comida, no el agua. El ayuno de Ester, «no comáis ni bebáis en tres días» (Ester 4:16), fue una situación extrema y no es un modelo para imitar: dejar de beber agua es peligroso.